El Sonido

Nada lo ha golpeado tanto como los eventos de aquel día con su noche.
El día que se condenó culpable porque lo era.

El día que le sigue y le persigue como si fuera casi su sombra.

El día que escuchó a la palabra que el corazón palpita y a la voz que el silencio encarna.

El día que como un fantasma se esconde detrás del micrófono, e irrumpe cuando inclusive con los ojos cerrados, se atrinchera en la geografía de ese campo sonoro que él mismo crea y recrea.

Para protegerse de los asaltos de aquel día, ha soñado con el refugio cálido del vacío en donde el sonido no habita, pero perdido se ha encontrado entre las olas del mar acústico que el monstruo liberado sin descanso comanda.

Ha creado entonces un mundo de incontables ondas sónicas habitado sólo por sus oídos. Allí, se ha acostumbrado eficientemente a separar el doloroso ruido de los laberintos abstractos de la música.

Se ha acostumbrado a habitarlo, temporalmente pero a salvo.

A salvo y lejos de las imágenes verdes que en el mundo visible lo embisten, lejos de la vergüenza que le produce el monstruo que liberó hace ya tantos años, y que aún sigue libre entre las cavernas de su inframundo.

Fantasmas

Nuestras vidas están colmadas de fantasmas, algunos distantes hechos de recuerdos sin memoria, otros pasajeros que llegan con las migraciones y las estaciones, otros que caminan con nosotros de la mano y se sientan al lado de la cama mientras dormimos tratando de olvidarlos. Fantasmas hechos de recuerdos, historias, lugares, anhelos y pesares.

Hoy tuve una cita con uno ellos, con el dueño de mis más profundos afectos. Acudimos sin querer a un encuentro esperado por años, al que ambos temíamos asistir por razones igualmente dolorosas.

Nos sentamos uno junto al otro, de cara al mar porque nuestros ojos nunca pudieron sostener la verdad de nuestra soledad contigua. Y cuando ya no hubo más horizonte por mirar y los pájaros emprendían el regreso a sus propios nidos, pudimos entonces contarnos que ya no había palabras que decir, que el silencio había dejado de ser íntima compañía para transformarse en vacía melancolía.

Era tan inconmensurable la distancia entre sus montañas andinas y mi selva pacífica, que ni siquiera hoy, las flores amarillas de los guayacanes que anteceden la entrada de su casa , ni el canto de las marimbas de mi pueblo febril y combatiente, lograron desprenderse de nuestros dedos entrelazados.

Habían sido tantos los ires y venires, tantas las decisiones esperanzadas y tantas las decepciones. Habían sido tantos años de resistencia a renunciar a las caricias que una vez iniciadas no deparaban más que el mismo final, besos sin otro futuro que aquel mismo momento, palabras que jamás hicieron parte del mañana del que esperamos sintiendo el amor más grande.

Esta vez el adiós no podría ser más que definitivo. Esta vez era necesario emprender viajes sin ataduras hacia amores hechos de tierra fértil y abundancia.

Si pudiera

Si pudiera dibujaría una a una las curvas de tu cuerpo, tus pestañas largas y engreídas, tus cabellos traviesos que entre mis dedos se pierden, tus manos ambiciosas que me abarcan toda, tus piernas fuertes que firmemente me sostienen, tu sexo erecto y hermoso que en mi cuerpo estalla y florece.

Si pudiera trazaría centímetro a centímetro la rebelión de tus ideas, la humanidad de tus sueños, la calidez que te sobra, la oscuridad que te apremia, la dualidad que te absorbe.

Pero en cambio, solo tengo a mis palabras, incompletas e imprecisas, insuficientes e imperfectas.

Si pudiera…


Copyright note: Dibujo de Diana García

 

Ella y Ellas

Una de ellas cocina lo que a ella le gusta, la comida de la región de donde viene, del lugar en donde nació, la que tiene el sabor de su gente; de su tierra, la que le recuerda su casa, la mesa del comedor, los platos para la visita y la silla chueca.

Hoy en la distancia, la remembranza será parte de un ritual que las sanará, no solo a ella sino a todas, que fortalecerá esos lazos de poder femenino que las une, que las ha hecho fuertes, que afianza su intuición y su poder de luna.

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Mother Coca

I dreamt of you, you were dissolved within her.

Within her, you were ethereal and light, you were dry leaves floating with the wind into swirls of white smoke, awakened through her millenary and wise motherly spirit.

Within her, you embraced yourself with her wavy long black hairs, each one made of thoughts and profound reflection.

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Aquellos seres

Primera epístola del Hada Candelaria a Rafael de Antigua, escrita a pocas horas de haberlo conocido, en la madrugada de aquella noche en la que él llegó a su vida para quedarse definitiva e irremediablemente en ella.

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Hay seres con un profundo dolor por la vida, que liberan batallas más allá de este mundo, que han trascendido vidas y han mutado de manera extraordinaria. Seres incomprensibles para el mundo que los mira sin poder verlos.

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Ella

Era un día como cualquier otro en la vieja Candelaria, un día un poco gris, con el aire algo poluto y el sonido de las campanas marcaba el inicio de la vida nocturna en las calles.

Ella, tenía una leve sonrisa en el rostro, deseaba verlo, soñaba con el aroma de sus abrazos y con esos ojos pequeños de los que huía con frecuencia.

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Breve historia de la paciencia

Carta de Rafael de Antigua al Hada Candelaria, escrita el día que ella regresó y quiso verlo de nuevo, después de tantos años de haber partido.

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Azmina, ese era su nombre. De lejos era majestuosa, con la crin al viento, su semblante atezado, y ese olor que llegaba a mi rostro antes de que los kilómetros se trocasen en ígneas cercanías. Alguna vez me dio por llamarla Azmina candelaria, en tiempos en que fluyeron otros pactos vitales.

— Casi como una sensual yegua. Y ahora, ¿qué la hace volver?

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Martina y el caballero de sombrero de ala ancha

Noche fría de montaña, corredor de luz y de estrellas, escenario de un encuentro de dos personajes, que sentados frente a frente, no se sabían hijos del mismo vientre, caminantes del mismo camino.

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Martina – una pequeña de tez morena y largos cabellos negros – y un apuesto y alto caballero – de mirada profunda oculta en la sombra de un sombrero negro de ala ancha -, habían pasado largo rato en silencio, uno frente al otro, esperándola, viéndola desde la distancia, entre la familiaridad de la noche y la ajenidad del ritual.

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Poema de despedida

Arrullada por Benedetti, Neruda, Sábato y Borges, con esta sensación a América Latina corriendo por cada poro de mi piel, con el corazón latiendo al ritmo que sólo el amor puede describir; cubierta por una ruana andina, en este invierno que nuestra tierra no conoce, pienso en ti y en esa forma de amarte.

Extraño esa forma de amar que reta a la piel, y también a las ideas; en la que uno se encuentra y llora, porque la realidad alcanza a teñir de gris el rosado púrpura de las flores.

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