Este blog anida una colección de historias y poemas escritos al amor, a la vida y a la muerte, que tienen su génesis en el intercambio epistolar sostenido breve y fértilmente entre Rafael de Antigua y el Hada Candelaria hace casi una década.

El origen de sus cartas se forjó en El Ventorrillo, en donde junto al borrachero y a la sabiduría del Taita Cofán y del Yagé, ambos escritores encontraron un útero amoroso que los alojó y protegió hasta que ambos pudieron volar. Ella al otro lado del océano azul y él al interior de las montañas en su propia tierra.

Hoy el Hada Candelaria comparte su trabajo, deseando infinitamente que los lectores lo disfruten.

La Candelaria, Bogotá, Marzo de 2017

La Tundra

Mientras el polvo de estrellas nos ha bañado, nos ha invadido, nos ha acompañado, nos ha elevado, nos ha transformado, nos ha retado, nos ha dolido; nosotros ambos , transitamos del páramo (de aguas rebosantes y suelos fértiles, de vegetación densa habitada por tantos seres) camino hacia la tundra (de temperaturas heladas y secas, de vegetación escasa y dispersa, en donde la vida se convierte en soledad y lucha).

Y aunque ambos lugares cargan consigo una belleza extraordinaria y la lluvia de las estrellas igualmente los arropa y los mece, no quisiera que nuestras almas – ambas –, habitaran hoy – ni mañana –, la hostilidad de aquel lugar helado en donde cuesta tanto florecer, al que al parecer nos acercamos casi que desbocadamente.

Esta es entonces una invitación a detenernos antes de llegar a la tundra que sin querer nos llama. Una invitación a sentir este suelo en el que hoy ambos crecemos; porque dar la vuelta para regresar al páramo sería una expedición desatinada, una expedición a destiempo, una expedición vencida.

Es esta una invitación a sentir juntos , las lágrimas que hoy dejan escapar al alma dolorida, rota y rabiosa.

La Guerrera

Hay una Guerrera que anda perdida entre las horas vacías de un quehacer que secuestra a sus trazos y a sus colores, a esos que brotan de sus cabellos y luego se convierten en historias animadas.

Hoy la Guerrera ha pasado al silencio y no se deja distraer por lo importante, por las calles saturadas de sombrillas, por las flores que en la lluvia esperan sin paciencia a la primavera, por los charquitos en el pavimento, por los zapatos mojados y rotos.

Me pregunto qué será de la Guerrera, que recorre las calles en bicicleta y sale a jugar con la nieve, que se disfraza de princesa y también de duende celta, que calla mientras se abraza y se contempla.

Extraño a la Guerrera que se esconde en el misterio, a su voz y a su sonrisa, a su indecisión y a su fuerza, a su fuego que no se apaga, a sus batallas que no terminan, a la que quiere ser y sueña, a la que hoy anda perdida.


Copyright note: Foto por Di García

El Sonido

Nada lo ha golpeado tanto como los eventos de aquel día con su noche.

El día que se condenó culpable porque lo era.

El día que le sigue y le persigue como si fuera casi su sombra.

El día que descubrió a la palabra que el corazón palpita y a la voz que el silencio encarna.

El día que como un fantasma se esconde detrás del micrófono, e irrumpe cuando inclusive con los ojos cerrados, se atrinchera en la geografía de ese campo sonoro que él mismo crea y recrea.

Y para protegerse de los asaltos de aquel día, ha soñado con el refugio cálido del vacío en donde el sonido no habita, pero perdido se ha encontrado entre las olas del mar acústico que el monstruo liberado sin descanso comanda.

Ha creado entonces un mundo de incontables ondas sonoras habitado sólo por sus oídos. Allí, se ha acostumbrado eficientemente a separar el doloroso ruido de los laberintos abstractos de la música. Y con éxito ha logrado sanar a seres que desde el sonido lloran.

Se ha acostumbrado a habitarlo, temporalmente, pero a salvo.

A salvo y lejos de las imágenes verdes que en el mundo visible lo embisten, lejos de la vergüenza que le produce el monstruo que liberó hace ya tantos años, y que aún sigue libre entre las cavernas de su inframundo.


Copyright note: Foto de Yaneva Santana 

Fantasmas

Nuestras vidas están colmadas de fantasmas, algunos distantes hechos de recuerdos sin memoria, otros pasajeros que llegan con las migraciones y las estaciones, otros que caminan con nosotros de la mano y se sientan al lado de la cama mientras dormimos tratando de olvidarlos. Fantasmas hechos de recuerdos, historias, lugares, anhelos y pesares.

Seguir leyendo

Si pudiera

Si pudiera dibujaría una a una las curvas de tu cuerpo, tus pestañas largas y engreídas, tus cabellos traviesos que entre mis dedos se pierden, tus manos ambiciosas que me abarcan toda, tus piernas fuertes que firmemente me sostienen, tu sexo erecto y hermoso que en mi cuerpo estalla y florece.

Si pudiera trazaría centímetro a centímetro la rebelión de tus ideas, la humanidad de tus sueños, la calidez que te sobra, la oscuridad que te apremia, la dualidad que te absorbe.

Pero en cambio, solo tengo a mis palabras, incompletas e imprecisas, insuficientes e imperfectas.

Si pudiera…


Copyright note: Dibujo de Di García

 

Ella y Ellas / Her and the Women

Her and the Women

One of the women cooks what she likes, the food of the region she comes from, the food from the place where she was born, that has the taste of her people and her land, the food that reminds her of her home, that dining table, those plates used when there were visitors and the wonky chair.

Today, in the distance, the reminiscence will be part of a ritual that will heal them, not only her but all the women, that will strengthen the ties of the feminine power that unites them, that has empowered them, that has deepened their intuition and their lunar energy.

The rest of the women start to arrive, they go straight to the kitchen, they begin reuniting themselves around the fire, around the pots brimming, around the shouting and the euphoria. There are those women, those who have lived stories like hers and those who haven’t as well.

The table must be enlarged for all of them to fit. More chairs and tables must be brought in. The speaker too, for the music to be heard louder, to not lack dancing in this party of uterine love.

The food is finally ready, the aroma anticipates a feast unlike any other. She shares the table with all of them and every woman loves her in every bite. She is within every one of them, in their thoughts and in their eyes, there, in front of them and, also inside them.

The energy is transforming, the heat of the stove is now within their skin. She is no longer alone, each woman is taking a bit of her pain, of her story, of her past. These women gather strength together, at the same time, in unison.

The lunch ends, it is time for coffee, it is time to talk. Her heart beats, she doesn’t know where to start, if she will be able to talk about it, it has never been easy for her. She wonders whether it is worth it, why should she remember it? Why let the bitter taste of what happened invade her mouth, now when she is savouring the culinary pleasures of her land?

What she has yet to understand, is that the women around her already know part of her story, they have felt it, they have experienced it. Just there, in the feast they birthed together this afternoon. Just today, while they join her memories, while they help her return to the home she was forced to abandon.

She suddenly feels the solidarity of the uterus, of the blood that gives life, that cradles, that nourishes. Her words spring like water, not everything has to be said, the details are not necessary, the intuition within the women knows it all.

There are tears and smiles too, it is a healing ritual that has just begun, that will not finish with the end of the day, that will prolong itself until other women sit at that table. The women, all of them, carry the pain that belongs to each of them, not to perpetuate it but to heal it, to transform it into vital energy for the next woman that will come to join them.


Ella y Ellas

Una de ellas cocina lo que a ella le gusta, la comida de la región de donde viene, del lugar en donde nació, la que tiene el sabor de su gente; de su tierra, la que le recuerda su casa, la mesa del comedor, los platos para la visita y la silla chueca.
Hoy en la distancia, la remembranza será parte de un ritual que las sanará, no solo a ella sino a todas, que fortalecerá esos lazos de poder femenino que las une, que las ha hecho fuertes, que afianza su intuición y su poder de luna.
Las otras empiezan a llegar, van directo a la cocina, empiezan a reunirse alrededor del fogón, de las ollas llenas, de la gritería y de la euforia. Son ellas, las que han vivido historias como la suya y las que no lo han hecho también.
Hay que agrandar el comedor para que quepan todas. Hay que traer más sillas y más mesas. También el parlante para que la música se escuche más fuerte, para que no falte el baile en esta fiesta de amor uterino.
La comida está finalmente lista, el aroma anticipa un festín como ningún otro. Ella comparte la mesa con todas y cada una la va amando en cada bocado. Ella está en cada una, en sus pensamientos y en sus miradas. Allí frente a ellas y también dentro de ellas.
La energía se va transformado, el calor de la estufa está ahora en la piel de cada una. Ella ya no está sola, cada una va tomando un poco de su dolor, de su historia, de su pasado. Ellas van recobrando la fuerza juntas, al mismo tiempo, al unísono.
El almuerzo termina, es hora del café y de hablar. Su corazón palpita, no sabe por dónde empezar, no sabe si podrá hablar de ello, nunca le ha sido fácil. Se pregunta si valdrá la pena, por qué volver a recordarlo. Para qué dejar que el sabor amargo de aquello que pasó, invada de nuevo su boca ahora cuando saborea los placeres culinarios de su tierra.
Lo que ella está aún por entender, es que ellas ya conocen parte de su historia, ellas la han sentido, la han vivido. Justo allí, en la francachela que esa tarde juntas han formado. Justo hoy, mientras ellas se unen a sus recuerdos, mientras ellas la ayudan a regresar a su hogar desde el destierro.
De pronto siente la solidaridad del útero, de la sangre que da vida, que acuna, que alimenta. Las palabras brotan como el agua, no es necesario decirlo todo, los detalles no hacen falta, la intuición en ellas lo sabe todo.
Hay lágrimas y también sonrisas, es un ritual de sanación que apenas empieza, que no terminará al final de la tarde, que se prolongará hasta que otras ocupen esa mesa. Ellas, todas, cargan el dolor de todas, no para perpetuarlo sino para curarlo, para convertirlo en fuerza vital para la siguiente que vendrá.


Photo by Ingrid Guyon – http://www.ingridguyon.com/

Mother Coca

I dreamt of you, you were dissolved within her.

Within her, you were ethereal and light, you were dry leaves floating with the wind into spirals of white smoke, awakened through her millenary and wise motherly spirit.

Within her, you embraced yourself with her wavy long black hairs, each one made of thoughts and profound reflection.

Seguir leyendo

Aquellos seres

Primera epístola del Hada Candelaria a Rafael de Antigua, escrita a pocas horas de haberlo conocido, en la madrugada de aquella noche en la que él llegó a su vida para quedarse definitiva e irremediablemente en ella.

——————

Hay seres con un profundo dolor por la vida, que liberan batallas más allá de este mundo, que han trascendido vidas y han mutado de manera extraordinaria. Seres incomprensibles para el mundo que los mira sin poder verlos.

Seguir leyendo

Ella

Era un día como cualquier otro en la vieja Candelaria, un día un poco gris, con el aire algo poluto y el sonido de las campanas marcaba el inicio de la vida nocturna en las calles.

Ella, tenía una leve sonrisa en el rostro, deseaba verlo, soñaba con el aroma de sus abrazos y con esos ojos pequeños de los que huía con frecuencia.

Seguir leyendo

Breve historia de la paciencia

Carta de Rafael de Antigua al Hada Candelaria, escrita el día que ella regresó y quiso verlo de nuevo, después de tantos años de haber partido.

——————————————

Azmina, ese era su nombre. De lejos era majestuosa, con la crin al viento, su semblante atezado, y ese olor que llegaba a mi rostro antes de que los kilómetros se trocasen en ígneas cercanías. Alguna vez me dio por llamarla Azmina candelaria, en tiempos en que fluyeron otros pactos vitales.

— Casi como una sensual yegua. Y ahora, ¿qué la hace volver?

Seguir leyendo