Dedicado a Rosa Gómez (Rosita)

Me salvé

Me salvé del atentado
Me salvé de la muerte que cargaban los seis impactos de bala que recibió el automóvil en el que viajaba
Me salvé de los cuatro proyectiles de ocho milímetros que atravesaron mi cuerpo y dejaron solo agua en mis venas
Me salvé de la advertencia que recibí, leí, no entendí y olvidé en el fondo de mi cartera: “La van a matar”
Me salvé en una esquina de la ciudad que me vio nacer y a la que regresé después de treinta y tres años de ausencia
Me salvé en el abrazo de un hombre que al reconocer a su madre en mi cuerpo sangrante, tomó mi vida en sus manos

Me salvé

Me salvé para desafiar con ahínco la discapacidad que me impuso esta guerra de la que me niego a ser víctima
Me salvé para reconstruir los sueños que se esfumaron al vivir en carne propia el dolor que presencié en tantos otros
Me salvé para seguir siendo la voz de aquellos que han sido silenciados y condenados al exilio
Me salvé para seguir amando a mis hijos por quienes abro mis ojos cada mañana
Me salvé para contar hoy esta historia de amor, que se resistió a morir

Me salvé