Poema de despedida

Arrullada por Benedetti, Neruda, Sábato y Borges, con esta sensación a América Latina corriendo por cada poro de mi piel, con el corazón latiendo al ritmo que sólo el amor puede describir; cubierta por una ruana andina, en este invierno que nuestra tierra no conoce, pienso en ti y en esa forma de amarte.

Extraño esa forma de amar que reta a la piel, y también a las ideas; en la que uno se encuentra y llora, porque la realidad alcanza a teñir de gris el rosado púrpura de las flores.

 

Extraño el desayuno con frutas y el café meticulosamente preparado, la embriaguez que me dejaban tus besos, el jazz y la clásica; la máquina de escribir y la pila de libros sobre la mesita en la sala, y los que comprábamos de segunda mano en el mercado – los domingos -.

Extraño esa forma de amar en la casa pequeña, los ojos felinos de Nerón y de Helmuth, las fiestas en el patio al calor de la hoguera, con los músicos y los saltimbanquis, la hierba junto al borrachero y al Taítica visitandonos después de la toma.

En este hemisferio, me siento lejos de mi misma, de esa forma de amar que me enseñaste y que de mí aprendiste. Esa forma de amar que reta a la piel, y también a las ideas.

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