Ella

Era un día como cualquier otro en la vieja Candelaria, un día un poco gris, con el aire algo poluto y el sonido de las campanas marcaba el inicio de la vida nocturna en las calles.

Ella, tenía una leve sonrisa en el rostro, deseaba verlo, soñaba con el aroma de sus abrazos y con esos ojos pequeños de los que huía con frecuencia.

Ella, se dirigía al café que él frecuentaba, no para encontrarlo allí – pensaba ella -, pero sí para sentirlo.

Ella, caminaba con la mirada baja recordando la frase de su última carta: “Regresé ayer en la mañana”.

Ella, sintió su caminar silencioso y lo vio entrar a una de las tienditas de mil artículos del barrio. Lo siguió.

Ella, se divirtió con su cara de asombro al verla y esperó con paciencia a que él terminara el afán de sus quehaceres cotidianos.

Ella, atenta escuchó la suma de las decisiones de su viaje, comprendiendo entonces que él había ido al mar a buscar al amor, no a dejarlo ir como él creyó.

Ella, estudió con él sus textos más recientes y algunos de sus consejos la ayudarían a tomar decisiones necesarias.

Ella, caminó junto a él esas calles ahora solitarias y al llegar al portón de la vieja casona, habitada por gatos y fantasmas, se perdió por última vez en el aroma de sus abrazos.

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