Breve historia de la paciencia

Carta de Rafael de Antigua al Hada Candelaria, escrita el día que ella regresó y quiso verlo de nuevo, después de tantos años de haber partido.

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Azmina, ese era su nombre. De lejos era majestuosa, con la crin al viento, su semblante atezado, y ese olor que llegaba a mi rostro antes de que los kilómetros se trocasen en ígneas cercanías. Alguna vez me dio por llamarla Azmina candelaria, en tiempos en que fluyeron otros pactos vitales.

— Casi como una sensual yegua. Y ahora, ¿qué la hace volver?

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Martina y el caballero de sombrero de ala ancha

Noche fría de montaña, corredor de luz y de estrellas, escenario de un encuentro de dos personajes, que sentados frente a frente, no se sabían hijos del mismo vientre, caminantes del mismo camino.

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Martina – una pequeña de tez morena y largos cabellos negros – y un apuesto y alto caballero – de mirada profunda oculta en la sombra de un sombrero negro de ala ancha -, habían pasado largo rato en silencio, uno frente al otro, esperándola, viéndola desde la distancia, entre la familiaridad de la noche y la ajenidad del ritual.

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Poema de despedida

Arrullada por Benedetti, Neruda, Sábato y Borges, con esta sensación a América Latina corriendo por cada poro de mi piel, con el corazón latiendo al ritmo que sólo el amor puede describir; cubierta por una ruana andina, en este invierno que nuestra tierra no conoce, pienso en ti y en esa forma de amarte.

Extraño esa forma de amar que reta a la piel, y también a las ideas; en la que uno se encuentra y llora, porque la realidad alcanza a teñir de gris el rosado púrpura de las flores.

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Eran dos y siempre serían dos

Iba en el vagón número 2, silla 46, en uno de aquellos trenes que han recorrido los caminos férreos de la Alemania de todos los tiempos. Tenía los tiquetes listos sobre la mesa para cuando el inspector de tiquetes los pidiera.

Le reconfortaba la soledad en el tren, pues particularmente aquel día quería la compañía de sus propios pensamientos y sentir la intensidad de los latidos de su corazón, un poco agitado por lo sucedido.

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El Molino Rojo

Entre las cortesanas y las creaturas circenses, entre el aroma embriagante de las calles del inframundo, entre las luces tenues escondidas por la neblina, levitan ellos vestidos de gala, como si fueran parisinos genuinos, hijos del romance y también del vino.

Pintores de talento indescriptible, que dejan en el óleo muestras irrefutables de la lujuria de sus trazos; escritores que transportan a lugares inimaginables, en donde el frenesí reina entre los laberintos; actores que invitan a encarnar apasionadamente a personajes que han sido creados sólo para el disfrute de la noche; bailarines que eroticamente contagian de energía rítmica a los transeúntes; policías destinados a mantener el orden del amor, el drama y el delirio. Así es la vida en la vecindad del Molino Rojo.

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Luna

En el bosque, las energías constelan. Y ellas se reúnen rodeando a la mujer que las ha invocado para iluminarla con su luz de luna.

En un acto de solidaridad amoroso, ellas le ayudan a sanar, a preparar el camino para las mujeres que vendrán, aquellas que nacerán de sus entrañas y también de sus palabras.

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¿Sabes quién es ella?

Cuando llegó a casa era una plantita pequeña, de capullos un tanto adormecidos, plantada tímidamente en el centro de una matera. Eso fue al principio de la primavera pasada.

Mientras el sol la acariciaba, ella trepaba las paredes y se elevaba, mientras compartía su cama con otras enredaderas, que mas que al cielo buscaban a la tierra.

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Enchanted melody

This is what our home is made of, notes and music, words and poetry.

It is the rocking chair, the dim light, the cat and the song that made us cry.

The song that could speak on our behalf, the song that touched each other so profoundly, the song that for the first time in months made us see one in front of the other.

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In the mood for love

Hermosa, melancólica y desesperanzadora.

El amor y el desamor enredados entre cuatro, dos fantasmas y dos amantes fingiendo no amarse, haciendo del amor un juego imposible.

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Amor, Muerte y Destino

Había pasado poco menos de una semana y la esperanza de encontrarlo con vida se había casi desvanecido, quedaba la culpa y el remordimiento por no haber hecho, al menos, lo necesario para salvarlo de la muerte. Sin embargo, en la alberca del segundo patio de la vieja casona en La Candelaria, justo junto a la puerta de la casita que hasta hace un par de semanas había estado habitada por su dueño, estaba el pobre gato, sucio, flaco, sin fuerzas. Pero sobre todo con una tristeza tan profunda que apenas le permitía abrir sus grandes ojos azules.

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