Breve historia de la paciencia

Carta de Rafael de Antigua al Hada Candelaria, escrita el día que ella regresó y quiso verlo de nuevo, después de tantos años de haber partido.

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Azmina, ese era su nombre. De lejos era majestuosa, con la crin al viento, su semblante atezado, y ese olor que llegaba a mi rostro antes de que los kilómetros se trocasen en ígneas cercanías. Alguna vez me dio por llamarla Azmina candelaria, en tiempos en que fluyeron otros pactos vitales.

— Casi como una sensual yegua. Y ahora, ¿qué la hace volver?

A la tierra, que no es esta sino otra, la llaman los suyos, la sangre amerindia de la que jamás podrá desprenderse. Quizá también sea cierto que vuelve porque hay que moverse para reinventarse, especialmente cuando uno se descubre nuevamente en soledad. Por lo demás no sé, no lo sé. Siempre me sorprenden sus reapariciones, aunque nunca llegan a ser epistolares. Qué lástima. Ella tendría que esperar a que yo la encontrara, porque no hay otra manera. No la hay.

— ¿No la hay?

No. Usted que me conoce, lo sabe muy bien. No la hay. Sería como pretender someter al viento al más aniñado de nuestros caprichos, a que se aceptara doméstico y se dejara aprisionar en un bote de vidrio a fin de ser exhibido en un ridículo museo, o algo así.

— Pero ambos sabemos que usted también quiere verla …

Sin duda. Esa mujer es mágica.

— ¿Cuándo?

Después, después, cuando sea el tiempo. No hay rollo. Verá usted, todo felino aprende el arte de la caza después de mucho dolor, y también después de mucha paciencia. Se trata de cultivar la actitud. Toma años, muchas vidas. Ahora mismo ella está aprendiendo, pero todavía se comporta como la no tan olvidada Azmina. Se deja ver, se deja oler desde lejos. No la culpo: así es Occidente. Se lo diré de esta manera: ¿conoce a Liddel Hart?

— Vaya, qué pregunta. Bueno, supongo que se refiere al célebre historiador militar. Y qué con él.

The strategy of indirect approach, quizá su mejor trabajo. Léalo.

— No me deje en ascuas. Adelánteme algo.

Es simple: hay que tejer, hay que escribir, hay que ser sinceros, hay que inventar un diálogo inteligente, semana a semana, mes a mes, hasta que ya no haya necesidad de anunciar nada. De todas maneras será una pena no verla esta vez. Dios sabe que es hermosa.

Copyright note: Los derechos de autor de este texto pertenecen a Luis Rafael Montes.

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